LA POLICÍA DE BERNI
(*) Tiene 19 años. Es rugbier. Volvía de una fiesta en una Toyoya Hilux que le prestó el papá “para que no le pasara nada”. No sufre portación de cara, no usa capucha ni es morochito. Vive en un barrio privado. Es el típico pibe que llamaríamos un “nene bien”. Igual no zafó de la maldita policía que casi lo asesina. Sufrió tres balazos, va a necesitar prótesis y le arruinaron la vida. Todo empezó por casualidad. O por la causalidad de la brutalidad policial que primero tira y después pregunta. El chico pasó un semáforo en rojo en una zona insegura donde nadie se detiene de noche. Casi lo matan por “sospechoso”. “No había un control policial. Él venía por la ruta, pasa el semáforo en rojo porque la zona es medio peligrosa y aparte venía una camioneta atrás haciéndole señas de luces, no tenía la luz azul prendida (baliza policial), por ende, no se dio cuenta de que eran policías", contó su mamá. Lo alcanzaron, aparecieron más patrulleros, lo chocaron cuando quería ing...