Sin palabras

 


El Mandamás se cansó de oír hablar de la pobreza en su país. Entonces, prohibió nombrarla. También proscribió términos como miseria, indigencia o carenciados.  Hubo quienes seguían hablando de “ necesidades básicas insatisfechas”, pero los pobres dejaron de existir en las conversaciones de la comarca.

Allí, no estaba permitido criticar al Mandamás ni cuestionar sus decisiones, desafiar a sus colaboradores o discutir con sus seguidores. Tampoco se pudieron utilizar vocablos como “autoritarismo, censura, dictadura o persecución”.

La Subsecretaria de Libre Expresión emitió un bando sobre la Libertad de Expresión, donde se expresa que, “todos los ciudadanos son libres de manifestarse, siempre y cuando utilicen el vocabulario de libre circulación”.

“Las palabras no son inocentes”, repetía el Subsecretario de Control de la Expresión, antes de condenar a muchas de ellas a la pena de muerte sin juicio previo.

  “Lo no dicho termina por no existir. Si algo malo pasare  y nadie lo dice, ergo nadie se entera. Por consiguiente lo malo no sucede. De tal forma que solo nos pasaran cosas buenas. El secreto está en decidir acertadamente lo que se puede decir” le explicó el Ministro al Mandamás para convencerlo de prohibir las palabras inconvenientes. Al mismo tiempo que se prohibía explicar por qué se tomó la  decisión.

Dicen que las palabras prohibidas pasaron a la clandestinidad y de vez en cuando atentan contra el discurso oficial sin demasiada repercusión pública. Otras  palabras se exiliaron para poder ser dichas muy lejos de allí .

Las menos afortunadas ya son olvido. Sobreviven archivadas en el corazón de las mentes libres a la espera de ser liberadas por voces valientes.

Eso dicen. Pero no digas que yo te dije….

Comentarios

Entradas más populares de este blog

“Pateen para arriba!!!”

NOTICIAS EN SERIO PARA UN PAIS EN JODA!

A las palabras se las lleva el viento….