Fauna playera

 




Los primates humanos migran masivamente en manadas enteras al hábitat playero durante la época estival.  Es un espacio ardiente, arenoso, salino y reducido. La especie se apiña allí por breves espacios de tiempo que van desde una salida dominguera, pasando por un fin de semana y hasta una quincena.  Tan fugaz es la migración que la especie no siempre logra los cambios físicos que le permita adaptarse al nuevo medio ambiente. Pies chamuscados por la arena caliente y  gente colorada como un tomate con cuerpos calcinados; son las primeras consecuencias.

Los primates al llegar al ecosistema playero evidencian un alto grado de excitación. Se trata de vivir en un par de días lo que no se vivió el resto del año. Incluso, en los más jóvenes de la manada la excursión playera se traduce en ardientes expectativas de apareamiento.

“Marcar territorio” es lo primero. Los más poderosos de la especie ocupan las guaridas frente al mar, los barrios privados y las carpas de balnearios más caros. El resto, acampa en los arrabales costeros y se amontona en las playas públicas como puede. Nidos bajo sombrillas, paravientos, lonas y toldos irrumpen en la paisaje contaminando bizarramente lo bello de la postal marítima. Si por casualidad quedara libre un lugar con vista al mar para reposar, es altamente probable que una sombrillota con gente ruidosa se instale allí obstaculizando toda posibilidad de contemplar la mar.

Vendedores ambulantes a los gritos, pibes jugando al fútbol que te usan de alcanza pelotas, perros insufribles meando en tu arena,  olimpiadas de tejo etermas con festejos desmedidos para un juego tan bajo en testosterona; completan parte del paisaje. Castillos que emulan obras de ingeniería en la arena, y pozos sin tapar que te doblan los tobillos. Cuerpos trabados por horas de gym y panzas torneadas por litros de cerveza se cocinan al sol.

Están también las señoras muy aseñoradas frunciendo el ceño ante la invasión de los primates más populares. Se trata de una especie de medio pelo argento hubiera querido migrar a playas caribeñas pero el fenómeno devaluatorio que afecta al ecosistema económico no se lo permite.

Llegan Los Campanelli!!!...  Son una manada familiar gigante que baja a la playa temprano, permanece todo el día y todo lo ocupa:, reposeras, juguetes, palitas, ladrillos, conversaciones a los gritos y parlantes con música inundan la arena. Dicen que Los Campanelli son capaces de desparramar pertenencias desde Las Grutas hasta Pinamar.

Surfistas que esperan horas por una ola como la de las películas que nunca se ve en la Argentina. Mientras,  hacen facha en las orillas y no surfean casi nada.  Niños que saltan 150 olas por minutos y padres primerizos que ahogan al cachorro en protector y lo llevan al lugar tratando de impedir que tome contacto con el sol, la arena y el mar… (¿?).

Las señoras que juegan al dominó en la carpa, los intelectuales de lentecitos que intentan  leer en el lugar menos cómodo para hacerlo;  la pibada con las conservadora comenzando al atardecer  el ritual de apareo, los trajes de baño de última moda  y los que hace mucho dejaron de estarlo.

Los primates humanos al migrar a la playa cambian también sus hábitos alimenticios castigando su metabolismo con rabas, churros, choclos , licuados y tragos veraniegos. Incorporan atavíos como pulseras, tobilleras, pareos, sombreros,  gorras poco usuales y anteojos espejados. Todos atavíos que indefectiblemente no se utilizan los restantes 360 días del año calendario.

Llegan los  velociraptor del verano que sólo conciben la arena si la surcan en 4 x 4 y emulan a los pilotos del Dakar en los médanos de Las Toninas. La falta de adaptación al entorno suele derivar en  atascamientos y accidentes varios.

Entre los deportes únicamente playeros, emergen los  paleteros que simulan estar jugando un Gran Slam entre las reposeras. Como rito de iniciación los paleteros principiantes no le pegan dos veces seguidas y molestan a pelotazos a todo el balneario.

En el parador, los primates se visten y escuchan música como si estuvieran en las blancas arenas brasileñas, pero mastican arena por el incesante viento de la costa atlántica criolla. La banana loca, los que pasan en moto de agua a los saltos  y sufren una tortura en lugar de disfrutar el paseo. Mientras, los pibes en barreno que te tiran al diablo a la primera hora.

Los primates humanos migran masivamente en manadas enteras al hábitat playero.  Lo esperan todo el año. Dicen que lo disfrutan….

(*) walterditrich@hotmail.com

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