La bala que no fue y el mal chiste


Cuando volví a ver la imagen de la pistola a centímetros de la cabeza de la Vicepresidenta, recordé un mal chiste:  “Para terminar con èstos, hay que poner una bomba en Plaza de Mayo…. Al año, cuando hacen el acto de homenaje, ponés otra y terminàs con los que quedaron”.  Lo escuché en un asado hace años y vino a mi memoria linkeado con la carpeta “discursos de odio”.   Todos los parroquianos de aquella noche rieron menos yo. Recuerdo pensar que quizás yo podría sufrir el bombazo. Estoy seguro que ninguno de ellos sería capaz de atentar contra nadie. Pero todos celebraron la ocurrencia.

 El odio, entonces, triunfó porque naturalizó la violencia.

Es muy líneal y de extrema pobreza intelectual suponer que todos los que miran TN o leen La Nación andan por vida matando kirchneristas. De la misma manera que la audiencia de C5N no lincha macristas derechosos por la calle. Aunque, es claro que la escalada virulenta e intolerante fue germinando una manera de hacer política que se cimenta sólo en la agresión constante.

Ese clima no hizo que Fernando Sabag Montiel le gatillara a Cristina Fernàndez, , pero si genera que la clase política no pueda acodar un repudio generalizado al intento de magnicidio; que el Presidente otra vez no esté a la altura de la circunstancias, que muchas declaraciones públicas den pena y las redes sociales huelan a cloaca. Se discute un feriado poco entendible,  pero que de ninguna manera es el tema central.  Porque no debería haber discusión posible para condenar uno de los hechos màs graves de la historia política argentina.

Leo que el arma utilizada para el atentado estaba en condiciones de matar con cinco balas en el cargador. El homicida no quiso o no supo cómo disparar. Si la bala hubiera salido, la patria estaría sangrando un estallido social irreconciliable. El tiro no salió, pero igual la ansiada unidad nacional es como la utopía de Galeano que se aleja a cada paso que damos. Para peor, ese ideal  ya no nos sirve ni para caminar hacia algún lado. 

Los asistentes aquel asado tal vez estén haciendo chistes sobre la bala que no salió, mientras los discursos de odio son el coro nacional que nos aturde cada día mas.

Cristina Fernández dijo alguna vez que “la patria es el otro”.  Lamentablemente, estamos cada vez mas lejos de poder construir una patria “con los otros”. Básicamente, porque estamos estancados en creer que la culpa de la patria “es del otro”.

Por suerte la bala no salió. Pero como canta René, “Hay poco dinero, pero hay muchas balas Hay poca comida, pero hay muhca balas….Hay poca gente buena por eso hay muchas balas”.

(*) Walter Ditrich

walterditrich@hotmail.com

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