Normal...
¿Recuerdan cuando soñábamos con que la pandemia nos iba a hacer mejores?. Era el sueño del optimismo mundial imaginando una nueva normalidad más justa, más humana, más normal.
Por esa loca globalización planetaria, se lo dijo Roger Waters al mundo hablándole a la familia de Ramona en la Villa 31: “¡Volver a la normalidad no es una opción! Tenemos que volver a algo que sea mucho, mucho mejor de lo que esa normalidad era antes de este virus. Porque lo que este virus ha mostrado es lo asquerosa que es la normalidad. Nos lo ha mostrado más drásticamente de lo que cualquier otra cosa lo hubiera podido hacer”.
Pero los poderosos del poder mundial no saben de justicia
social, y ni siquiera las pandemias son capaces de ponerles a dieta la cuenta
bancaria. Leo que, “La fortuna de los
diez hombres más ricos del mundo se duplicó desde el comienzo de la pandemia,
mientras que los ingresos del 99% de la humanidad se han reducido”. Es un
informe que acaba de publicar Oxfam.
Según Oxfam, la desigualdad contribuye a la muerte de “al
menos 21.000 personas al día” debido a los decesos mundiales por falta de
acceso a la atención sanitaria, la violencia de género, el hambre y la crisis
climática. “Un impuesto excepcional del 99% sobre los ingresos procedentes de
la pandemia de los diez hombres más ricos permitiría producir suficientes
vacunas para el mundo, proporcionar una protección social y médica universal,
financiar la adaptación al clima y reducir la violencia de género en 80
países”, señala la organización.
Estos magnates se quedarían todavía con “8.000 millones de
dólares más que antes de la pandemia”.
La nueva normalidad no es mejor, ni más justa. Los ricos son más ricos, los pobres son más pobres y la desigualdad más desigual.
El mundo
sigue contagiado de “normalidad”. Nadie parece estar buscando una vacuna
mientras cumplimos los estrictos protocolos capitalistas de mirarnos el ombligo.
(*) walterditrich@hotmail.com
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