Recuerdos y amnesias
(*) Dicen las crónicas de hoy, que se cumplen 20 años del día en que el mundo cambió. El 11 de Setiembre de 2001, el poder del mundo le vio la cara al miedo. Explotaron las Torres Gemelas, atentaron contra el Pentágono y casi lo logran en la Casablanca. Por primera vez en su historia, Estados Unidos estuvo bajo ataque. Murieron casi 3000 personas, que en su mayoría, no conocían a Osama Bin Laden. El terror paralizó al planeta. El gigante del Norte aplicó la Ley del Talión y en el ojo por ojo se cobró miles de víctimas en Afganistán, Irak y donde hubiera árabes sospechosos además de pozos petroleros.
Hoy, el mundo vuelve a conmoverse por el horror y la muerte
absurda. Los muertos son ciudadanos de primera y el memorial es más rating.
Sigo revisando las crónicas. No encuentro ninguna sobre el 6
de Agosto de 1945. Es una efeméride borroneada. Ese día, Estados Unidos arrojó
la primera bomba atómica en la historia de la humanidad. Bombardeó una ciudad
entera: Hiroshima. Se estima que alrededor de 80 mil personas, un tercio de la
población de la ciudad, falleció a causa de la detonación y los incendios
posteriores.
3 días después, como en el segundo golpe a las torres, se
lanzó otra bomba en Nagasaki. A pesar de que la bomba falló por una distancia
considerable, arrasó casi la mitad de la ciudad, al caer a un costado del valle
de Urakami. 35.000 de sus 240.000
habitantes murieron instantáneamente, seguidos por la muerte de otros 35.000
por enfermedades y heridas.
El día, que nos conmuevan de igual manera los atentado del World Trade Center y las bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki, la vida humana cotizará igual en nuestra bolsa de valores.
Mientras tanto, sigo teniendo la triste sensación de que el
estilo de vida americano prescinde de millones de vidas tercermundistas. Y
paradójicamente, en el tercer mundo lloramos más los muertos que Hollywood
nos mostró.
(*) por WALTER DITRICH
walterditrich@hotmail.com

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