La araña que salvaste
Entre el 26 y 27 de Abril de 1822, San Martín y Bolivar se vieron en Guayaquil. Los dos héroes más importantes de la epopeya libertadora americana sellaron nuestro destino de emancipación. Don José renunció a la foto del final y terminó exiliándose en Francia. Bolívar expulsó al tirano y delineó los cimientos de la Patria Grande que nunca se terminó de construir.
En una tarea escolar,
me propusieron imaginar el diálogo entre ambos próceres en Guayaquil.
Pensé en forzar la escena hasta el presente.
¿Qué se dirían San Martin y Bolivar si se vieran en el mismo
lugar casi 200 años después?.
Imagino que contarían anécdotas de batallas y cada uno
alabaría las virtudes militares y
revolucionarias del otro.
Evaluarían su legado revolucionario con un dejo de frustración.
Lamentarían el colonialismo económico con nuevas banderas. Y condenarían los
intentos revolucionarios que desviaron al autoritarismo.
- O desenvainaron el sable para derramar sangre de
hermanos- se entristecería San Martín.
- Más que lograr el sueño de la Patria Grande, la patria les
quedó grande….- completaría Simón.
Bromearían haciendo un recuento de escuelas en su honor y
monumentos alegóricos. Don José fanfarronería con los clubes que llevan su
nombre y Bolívar no se quedaría atrás.
San Martín,
reconocería que le cambiaron el feriado para hacer turismo y Simón sonreiría
porque él mantiene en rojo su día de nacimiento.
Se jurarían volver a luchar las mismas batallas, porque no
son hombres de arrepentimientos.
Sin embargo, ambos se preguntarían si valió la pena.
El silencio respondería.
Don José se retiraría silbando, bajo, el tango que la patria le enseñó: “La araña que salvaste, te picò, que vas a
hacer….”.
Simòn, completaría con tono centroamericano: , “Y el hombre
que ayudaste te hizo mal, ¡dale que va!”.
Ninguno de los dos, quiso mirar atrás.
(*) por WALTER
DITRICH
- walterditrich@hotmail.com

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