Se fue Don Julio, pero se quedaron todos….
Don Julio Rodríguez fue una de esas personas que mejoran la comunidad en la que viven. Nos dejó ayer, a los 89 años. Suboficial del Ejército, fue director de la Escuela Técnica, del Centro de Formación Profesional, apoyò la UPSO y abrazó la causa política con pasión. Militante del justicialismo fue concejal, presidió el HCD y fue candidato a Intendente. Más allá de sus ideas, logró el respeto de propios y extraños, algo que no es tan fácil de conseguir. Educado, medido, dialoguista, laborioso, honró la función para la que fue elegido y se ganó un merecido respeto, laurales que no son tan fáciles de conseguir en el mundo de la política argentina.
Cuando el país se prendía fuego en la época de De la Rúa,
los cacerolazos rugían en las calles y el “que se vayan todos” también eclosionó
en Pigüé. El foco de las protesta fue el HCD que Don Julio presidía. Recuerdo
perfectamente los difíciles momentos que allí se vivieron con funcionarios políticos
sitiados en los bloques ante la indignación popular.
Don Julio lo sintió como algo personal. Cuenta Roberto
Sirimarco, quien era el Secretario de HCD en esa época que Rodríguez se tomò a
pecho el reclamo popular: “"Robertito...
Si me acompañás nos vamos. Porque la gente pide QUE SE VAYAN TODOS".- Y
nos fuimos. Renunciamos. Creo que has quedado para la estadística del país como
el único que acató y se fue. En todo el país no se fue nadie. Los únicos nosotros
dos con la cabeza en alto”.
Es cierto, se quedaron todos. Muchos,
no honraron la política como hizo
Don Julio. Tal vez, si más gente como èl hubiera permanecido en esos espacios,
el país estaría un poco mejor.
Los pueblos no siempre tienen los gobiernos que se merecen,
y los pueblos también se equivocan. Muchas veces porque nos hacen
equivocarnos. En este caso, las cacerolas deberían haber apuntado hacia
otro lado.
Mi máximo respeto a Don Julio Rodríguez, a quien traté desde
mi labor profesional y me parece justo
destacar su persona. Sobre todo en tiempos donde ejemplos como el suyo no
abundan…
(*) por WALTER DITRICH
walterditrich@hotmail.com

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