Hincha de El Negro
(POR WALTER DITRICH.-).- “Ya empieza equilibrioooo!!!” gritaba mi vieja desde la puerta de la cocina. La cita era once menos diez. Yo era hincha de Rafael Emilio Santiago. Tal vez me atrapaba su voz, o la forma de contar….. Como el Polaco en el tango. Mi mamá también lo escuchaba con placer, o tal vez disfrutaba por adivinarme feliz. En Bahìa Blanca y “zona de infleuncia” el mundo se paraba para disfrutar a Rafael Emilio hacer equilibrio.
Cuando Bilardo y
Maradona ganaron el Mundial 86, yo quería ser como Santiago. Escribía un periódico
mural con las crónicas de los partidos que pegaba en el fondo del aula. Y hasta
me animaba a intentar algún caramelo ácido destrozando metáforas.
Durante toda la adolescencia nunca falté a la cita de las
once de la mañana. Sintonicé los mundiales por radio para escucharlo a él.
Esperaba ansioso que Víctor Hugo callara a Apo, Webhe, el Chavo Fucks y otros
monstruos para que hablara Rafael. Siempre le tocaba último. Pero aunque
sea hablando del césped lograba una pincelada
distinta en la transmisión.
Me fui a estudiar
periodismo a La Plata. Disfruté y sufrí buenos profesionales y mediocres profesores.
Pero seguí siendo hincha del Negro. Eruditos intelectuales no lograban satisfacerme
como el morocho de White. Ese que combinaba mágicamente biblioteca con tablón.
Un genio de barrio. Una estrella de acà a la vuelta…..
Cuando volví a la zona, soporté partidos de Olimpo para
disfrutar de sus comentarios. Aún recuerdo de memoria decenas de sus
intervenciones. “ Cuando lo nombras, te
raspa hasta la garganta ….” dijo una
vez de un rústico defensor central…. Era capaz de hacer atractiva hasta la
cobertura de un torneo de pesca.
Pluma certera. Ironía quirúrgica. Ajustado termómetro
social. Una valija llena de palabras precisas. Nunca una vulgaridad. Jamás un
chiste fácil. Desprecio por las frases
hechas y pocas paradas en los lugares
comunes. El Negro sabía combinar la enciclopedia y la mesa del café. Literatura
y cordón. No fue una Macaya Marquéz porque no quiso. O porque quiso. Orgullosamente bahiense como decía el
slogan que lo presentaba.
Eximio representante de una raza que ya no crece .
Se nos fue un maestro. Un ícono. Un referente. Un genio de
barrio.
Los hinchas de El
Negro, estamos tristes….
(*) walterditrich@hotmail.com

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