Walsh
“Seis meses mas tarde, una noche asfixiante de verano, frente a un vaso de cerveza, un hombre me dice:- Hay un fusilado que vive- “, recitaba un profe de la facultad repicando en nuestras cabezas el inicio de “Operación Masacre”. Nos hizo carne la obra cumbre de Walsh que anticipó una época y parió un género periodístico. "Esas líneas tienen todo lo que un buen texto debe tener. No le sobre ni le falta nada. Están escritas como con bisturí. Fantástico!" nos decía el profe entusiasmado.
Como se puede comprobar, los resultados de su pedagogía no se acercaron a sus pretensiones.
En esa época, no se hablaba de “periodismo militante” .
Pero con un halo épico, rezábamos el final
de la Carta Abierta la Junta, donde Walsh denunció la barbarie de la dictadura “en el primer aniversario de su infausto gobierno
“. “Sin la esperanza de ser escuchado, con la certeza de ser perseguido,
pero fiel al compromiso que asumí hace mucho tiempo de dar testimonio en momentos
difíciles” tecleó Rodolfo Walsh en su máquina de escribir y fue acribillado
a balazos minutos después de despachar esas palabras a la posteridad.
Se cumplió un nuevo aniversario de su nacimiento. Me gusta
creer que Walsh sigue naciendo en cada periodista que resiste por aquello de
que “el periodismo es libre o es una
farsa”.
Me gusta creer que Walsh sigue naciendo en quienes creen “ con toda ingenuidad y firmeza, en el
derecho de cualquier ciudadano a divulgar la verdad que conoce, por peligrosa
que sea”.
Me gusta creer que Walsh no ha muerto en vano, porque no murió
para él, sino que – como escribió de su hija Vicky- “vivió para otros, y esos otros son millones”.
Me gusta creer que Walsh sigue naciendo. Aunque padecemos un periodismo que no se le
parecen ni en el grueso marco de los anteojos con lo que simula denunciar las
verdades ocultas.

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