Noche de copas
(walterditrich@hotmail.com).- No soy hincha de River. Abrazo la causa de Estudiantes de La Plata. Para los pinchas, la Copa Libertadores tiene una mística especial. Como hace un tiempo no nos queda otra que mirarla por tele, me senté frente a la pantalla. Había pronóstico de épica noche copera.
River no defraudó. Jugó un partidazo. Por el carácter, por
el fútbol, por la enjundia, por la inteligencia, por el temple. No caben dudas
de que, en los 180 minutos, mereció pasar a la final .
El partido fue atrapante, pero no se pareció a una batalla
futbolística. Con la irrupción del VAR, la copa se terminó disputando como una
charla de BAR.
Dilaciones, pausas eternas, discusiones, jugadores hablando
a los árbitros, revisiones que no se
saben qué revisan y pantallas donde se
le busca el pelo al huevo. Goles que se
gritaron y partidos que se rebobinan hasta que encuentran una puntita de pie
adelantada.
Si se mira desde una toma el delantero se tira, desde la
otra cámara lo tocan arriba y desde la tercera es interpretación del árbitro.
Dicen los expertos informáticos que, anoche, el VAR acertó. Aunque convirtió el partido en una
mesa de café. La semifinal de COPA se jugó en un BAR en lugar de disputarse en
la cancha, donde se ven los pingos.
Párrafo aparte para la jugada en la que el VAR estaría
cerrado, porque en un centro el arquero brasilero trompeó a un atacante de River y “siga siga”. O mejor dicho: “otra vuelta para todos”.
Me senté a mirar fútbol y terminé viendo cómo discutían en
un BAR.
Eso no es fútbol.
Jugando al fútbol, River merecía ser finalista. No tengo
dudas.
Lo de anoche, fue mas parecido a una “noche de copas” que a
una “noche de copa”.

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