FERNANDO BAEZ SOSA: "La verdadera grieta"
(walterditrich@hotmail.com).– La muerte del joven Fernando Báez Sosa conmocionó al país. Más allá del potenciamiento mediático del caso, es evidente que ese crimen evidencia que la grieta en la Argentina no es sólo político partidaria. Los argentinos no sólo estamos peleados por Cristina o Macri. Existe, en el sustrato de nuestro ADN un profundo odio de clase.
Hablar de “lucha de clases” hoy parece atrasar con conceptos
setentistas que nos remiten a la teoría marxista más ortodoxa. Pero analizando
la muerte de Fernando en Gesell, vemos que hay mucha grieta de clases sociales
que dispararon un rating usufructuado al máximo por la industria mediática.
Fernando, un pibe morocho de origen paraguayo, hijo de
porteros de edificio, y con el sueño de ser abogado va por unos pocos días a
Gesell. Playa “cheta”, meca del consumo, reservada en el imaginario popular
para “gente bien”. El medio pelo argentino confinaría un sitio en Las Toninas
para familias como la de Báez Sosa. Los asesinos son rugbiers que participan de
un deporte identificado con las clases sociales y pertenecen a “familias
acomodadas” que se nuclean en clubes más reservados y un poder adquisitivo muy
diferente al de Fernando.
La vida los confrontó en el mismo boliche. Un cruce, un vaso
que se derrama. Dos historias escritas para no entrelazarse casi nunca que se
chocaron en segundo mínimo. La patota, la violencia, el alcohol, el descontrol.
El odio de clase. El “negrito” paraguayo que “me mancha la camisa con vino en un boliche de la playa vip” . La
patota reacciona marcando límites, como las manadas. Sienten a Fernando como un
usurpador. Reaccionan llevándose el mundo por delante a las patadas. Como en la
selva. Aplicando la ley del más fuerte. Como en el scrum. Como fue siempre e
hicieron por generaciones muchos “nenes bien” de las clases acomodadas. Le
gritan “negro de mierda” mientras lo rematan a patadas en el piso. Y se van al
chalet que alquiló papá a transitar la resaca de un enero descontrolado.
Seguramente no se dieron cuenta que acaban de matar . Siguen viviendo sin
freno. Sin límites.
Si el mismo hecho hubiera pasado hace un par de décadas
atrás, en la prehistoria de las redes sociales, podríamos predecir otra crónica
de esa muerte anunciada: Los papás de los rugbiers interviniendo, el hecho
jamás hubiera saltado a la portada mediática nacional y el “accidente” de la
pelea habría quedado impune. Porque Burlando hubiera defendido a los pibes de
su barrio (privado). Y los billetes de papá y mamá hubieran puesto las cosas en
su lugar: los rugbiers en su club y el morocho paraguayo hijo de porteros bien
enterrado por el olvido impune de los que no pueden pagar una justicia justa.
Pero el escenario nacional hoy es distinto. Vomitando odio
social por las redes, los oscuros del populacho nacional exigen justicia por
Fernando y liberan décadas de injusticias reprimidas en sus comentarios. Nos
revelan las “portaciones de apellido”, los privilegios de los mismos de
siempre, los ladrones de guante blanco y esa remanida argentinidad de
institucionalidad berreta.
La grieta clasista no sólo separa a los morochos de los
rugbiers por el color de piel . Tiene que ver también, con la prejuiciosa
levedad de nuestro ser nacional. ¿Qué hubiera pasado si el muerto en la pelea
era un rugbier hijo de familia acomodada?. ¿Qué hubiera exigido la opinión
pública si los diez agresores eran pibes morochos del Conurbano?. ¿Se pediría
justicia o pena de muerte?. Si los pateadores hubieran sido trapitos haciendo
temporada y la cabeza pateada la de un nene bien… ¿No habría salido Susana a
pedir: el que mata tiene que morir?… Si el color de piel de víctimas y
victimarios fuera inverso, no enervaría a la nación la celda vip de los
detenidos. Se pediría “matarlos a todos, porque encima hay que
mantener a esos negros delincuentes en la cárcel” (sic del discurso
dominante).
Las grietas existen y son muchos más profundas que el amor
odio que generan “la yegua” y “el gato”. En todo caso, la pelea político
partidaria es otro emergente.
Fernando y los rugbiers. Los pudientes y los excluidos. Los
rubios y los cabecitas negras. El interior y la capital. La gente “como uno” y
los otros. Los barrios y los countries. Unitarios y federales. Los que tienen
abogado y los indefendidos de la defensoría oficial. El que tiene agua potable
y el que no. El de la prepaga y el que “cayo en la salud pública”. El que come
todos los días y el que, con suerte, come salteado…
La grieta es mucho más profunda. Disimularla no la resuelve.
Al contrario, es liberador evidenciarla con toda su injusticia animal .
Entender de qué lado de la mecha te encontrás es imprescindible para entender
el mundo que, nos y te toca. El tema no es la brecha, sino qué hacemos con
ella.
“Como se sufre a ambos lados de las clases sociales, ella sufre en su
mansión y yo sufro en los arrabales” cantaba Arjona con dudosa poesía y
nulo compromiso social. Es hora que el guatemalteco entienda que,
definitivamente, se sufre mucho más en los arrabales que en una mansión.
Avísenle a Arjona: es más difícil para
Fernando que para los rugbiers acceder a una justicia justa.
Mientras, descubrí de
qué lado de la grieta te encontrás. Y si querés achicarla, miremos más hacia
los arrabales y menos hacia las mansiones, donde todo es más fácil.
(*) TEXTO PUBLICADO POR EL AUTOR EL
7/02/20

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