Una cámara, mil palabras


 (walterditrich@hotmail.com).- 
El primer click fue en un taller de fotografía en la entonces Escuela Superior de Periodismo de calle 44. Era opcional. Luego de la explicación teórica, salimos a sacar fotos compartiendo una Pentax y un número limitado de disparos por alumno. Aún recuerdo la adrenalina de intentar alguna toma diferente en la feria de Plaza Italia. No guardo ninguna copia de ese día, pero supongo que no se trata de un material que valga la pena conservar.

El resto de la carrera universitaria y los trabajos ocasionales para solventarla, no me cruzaron más con el mundo de la fotografía. Radio, tele y alguna incursión gráfica fueron los incipientes acercamientos al mundo de periodismo por entonces.  Pero nunca más tuve una cámara de fotos en mano. No era tan sencillo ni accesible como ahora.

Cuando allá por 1998 desembarqué en Pigüé para sumarme al desafío de Semanario Reflejos, había que sacar fotos y nuestro incipiente emprendimiento no contaba con un fotógrafo. Tampoco teníamos ninguna cámara .  Comenzamos una una camarita familiar prestada. Era de bolsillo, con rollo. Estaba en las últimas y el mecanismo hacía un ruido insoportable en cada disparo. "Ponele aceite!!!" ,me gritaron una vez que hice formar un equipo de fùtbol para retratarlo.

Un tiempo después, otra vez una Pentax llegó a mis manos. Aquel taller de unas horas y la irresponsabilidad de querer hacer aún sin saber, fueron toda mi experiencia. Cometí todos los errores que se puede por inexperto y fui aprendiendo. De vez en cuando, matando el aburrimiento en  coberturas muy tediosas, algún colega me regaló consejos que todavía agradezco.


    


El rollo fue perdiendo eficiencia pero no su magia, y la era digital lo terminó enviando a los museos. En plena transición, recuerdo al Gordo Bellido discutir acerca de la calidad de imagen digital. Bellido, un capo en el mundo de la fotografía deportiva, había importado una cámara digital impresionante. Y cuando laburaba en rally, sacaba el mismo salto con la dos: en rollo y con la digital. . El estaba convencido de que los procesadores digitales nunca superarían la calidad de lo mecánico. Hace rato que no lo veo, pero no lo imagino revelando los rollos aún hoy.

Nosotros, nos sumamos a la incipiente fotografía digital enseguida. La primer máquina digital, marca EPSON, aportaba pocas soluciones y mucha limitación. Pero no habìa que revelar. Justo apareció en el mercado cuando estábamos armando un laboratorio propio de revelado artesanal. Fue a mediados de 1999.

Con orgullo, usamos la primer cámara digital que se vio en Pigüé. Era una porquería. Grababa en una memoria interna alrededor de 16 fotos, que no se podían ver una vez sacadas. En todo caso, permitía borrarlas si uno suponía que la toma había fallado. No tenían objetivo, osea que no se podía hacer zoom. Y el flash integrado, con suerte tiraba 3 metros. Además tenia un segundo de retardo. Con esa tecnonolía, para sacar una fotografía en fùtbol habia que calcular antes de que la pelota llegara al jugador y pararse pegado a la línea.  Habìa sólo 16 oportunidades por partido y luego a conectar la cámara a la compu para ver qué salió.

Al tiempo, apareció la SONY MAVICA que grababa en diskettes de 3,5. En cada diskette entraban unas 20 fotos, así  es que con una cajita alcanzaba para gatillar a gusto. La cámara se alimentaba  a batería y cambiándola la autonomía permitìa largas coberturas. Además la foto se podía ver y eliminar en el momento. Tenía un zoom bastante preciso y  permitia rebuscàrsela en las coberturas deportivas. Eso si, luego de cada disparo habia que esperar uno 3 segundos a que se grabara la foto.. Por lo cual, no existìa el disparo en ràfaga y se debía elegir bien la toma. El flash integrado era muy limitado, pero màs tarde le incorporamos uno externo con fotocèlula. Si bien la calidad de imagen distaba mucho de lo profesional, fue una tecnología que los medios del interior utilizamos mucho por la imposibilidad económica de adquirir otros equipos superiores.












Posteriormente vinieron las cámaras compactas que grababan en tarjetas de memoria y cuando la fotografìa digital fue réflex, el rollo pasò a ser un elemento exótico. Hoy, los equipos digitales permiten una amplitud de laburo impresionante y la tecnologìa sigue evolucionando tanto, que ya hay redacciones del mundo que archivaron las càmaras y trabajan exclusivamente con celulares.

Desde aquel taller en la Facu, pasaron muchas tomas bajo mis retinas. Ya van casi 22 años mirando por un visor todo lo que pasa en nuestro pago chico. Aún hoy veo,  circular alguna foto antigua por ahí e identifico que la saqué yo y puedo recordar lo que estaba pasando en el momento. A los ponchazos, con mas coraje que conocimiento, nos fuimos ingeniando para que la noticia tenga imagen. 

Para mí,  ése es el laburo del reportero gráfico. La foto tiene que estar. Lo que pasó tiene que ser retratado. Hay momentos en los que no se puede fallar. Porque son únicos, irrepetibles. Luego del click, ese instante pasa a convertirse en historia. Con la Pentax  o la cámara digital mas limitada, el reportero gráfico no puede dejar de mostrar la realidad.

Si es cierto que una imagen vale mas que mil palabras, supongo que hemos dicho muchas miles de cosas con una cámara.



















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