LA RADIO
(por Walter Ditrich. walterditrich@hotmail.com).- No puedo estar sin una radio encendida. Siento que me falta algo. El silencio me molesta. Será porque desde que tengo memoria auditiva siempre hubo una radio sonando en la casa. En aquellos años, en el campo, la TV era un lujo para algunas horas del día. Y la radio, un integrante más de la familia durante todo el dìa.
Para mí, la radio es
imaginar la jugada del gol un domingo soleado a la sombra del parral. El grito
de la vieja avisando que llegaba “Equilibrio
con Rafael Emilio Santiago” un rato
antes de las 11 de la mañana. La radio, tiene sonido al “Boletín
de la zona”, o al “shhhh” de los mayores cuando el locutor de turno
anunciaba: “NECROLÓGICAS…..”.
La radio suena al parlante de la camioneta replicando “La Voz del Campo”, donde el viejo escuchaba la cotización de los
mercados cuando volvíamos de la escuela. El “t a ta ta” de Víctor
Hugo; la publicidades, los jingles y los nervios con los sorteos de la colimba
que escuchábamos en el colegio. Es la
emoción al escuchar nombrar al pueblo cuando ocasionalmente era noticia. O aquella mañana del 2 de Abril. Ibamos viajando y por la radio anunciaron la
recuperación de Las Malvinas. Mi viejo,
paró la chata en medio del camino para
escuchar bien. “TRANSMITE, LRA 1, RADIO NACIONAL BUENOS AIRES…… COMUNICADO DE LA JUNTA
MILITAR….”·
La portátil pegada a la oreja en las carreras de Turismo
Carretera. “Atento, atento el avión…….. 3, 2, 1 top para Mouras…..”. La particular voz de Delgado en Radio Colonia
y “el
Rotativo del Aire” que escuchaba Don José cuando trabajaba en casa. Mi
vieja riendo con los cuentos de Landriscina y los pronósticos del tiempo de “Meteorito”
por LU2.
La radio son las noches de La Venganza será Terrible disfrutando
del Negro Dolina y aquellos radioteatros con Stronatti y Rolòn. Las FM y la “música
joven” para grabar en los TDK rogando que el locutor no te pise el
tema. Los 40 principales, la rebeldía de Lalo Mir, Pergolini y la música
de Bobby Flores. Los informativos cada media hora en aquellas jornadas eternas
como chofer de taxi. La parada, a la hora del mate, escuchando a El Gato y el Zorro con Mactas y Hanglin.
Mi primera vez fue en la radio de la Facultad. La onda no llegaba más lejos que
el fondo del pasillo. En los ensayos creì que la tenía más clara que Antonio
Carrizo. Cuando llegó el momento, hilvané
incoherencias y me quedé sin palabras a poco de andar. Se me prendió la luz roja, pero por pánico
escénico.
Después, vinieron aquellos programas domingueros en FM Futura
de La Plata . Toda una aventura
irreverente, que producíamos con mucha pasión y poco profesionalismo. No debe haber nada más lindo que hacer radio
con amigos. Sólo para divertirte. No
importa el qué dirán. Nadie mide el
rating y no es necesaria la tanda comercial. Fueron noches y trasnoches de
aquel SINVERGUENZA…… UN PROGRAMA PARA ALUCINAR, PERO EN COLORES, que
hicimos en varias emisoras platenses.
Sentíamos que pateábamos el tablero acartonado de las AM que sonaban a
frito y rockanroleábamos el éter. Ya sin ponerme colorado, vino el caradurismo
de participar en transmisiones de
fútbol, conducir un programa de tangos o hacerme el actor en radioteatros
delirantes.
Llegó la etapa de radio periodística y un autoexilio
radiofónico porque de algo hay que vivir. Fueron muchos años de gráfica y tv.
Pero siempre extrañando el ruido de la radio. Como cuando era chico.
La abstinencia llegó a su fin. Hace cuatro años, todas las
mañanas despuntamos el vicio en Reflejos Radio . Hay que madrugar, se trabaja
mucho y se gana poco, pero nos damos el gusto de hacer radio todos los días.
Cuando el operador prende la luz y te hace el gesto de “aire”
con la mano, todavía siento que decir vale la pena. Adivino un alguien del otro
lado, escuchando, oyendo, sintiendo, imaginando.
No pasaré a la
historia como la transmisión de Susini y sus amigos el 27 de Agosto de 1920.
Mis palabras se las llevará el aire. En cien años, nadie
hablará de lo que dije.
Eso sí, al igual que los Locos de la Azotea, no puedo estar lejos
de la radio.

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