LA DESEADA POSVERDAD
(POR WALTER DITRICH.- walterditrich@hotmail).- “Vivimos bajo el imperio de la noticia deseada. Aquella en la que la opinión pública quiere creer” escribió Miguel Wiñazki, al instalar ese concepto que desnudó cómo la verdad fue perdiendo por goleada en el negocio del periodismo. Según Wiñazki, “el montaje de la noticia no es un proceso gestado solo por los medios que la emiten, sino también por las audiencias que la desean”.
Osea, esas tribus
masivas eligen en qué creer por más que los periodistas, cual espadachines
de la verdad, luchen denodadamente ante sus percepciones subjetivas. Según esta
idea, si la gente elige creer que Yabrán
está vivo lo creará, aunque Facundo Pastor siga diciendo que vio el cadáver. O
la “noticia deseada” será que Cristian lo mató a Nissman , aunque una pericia demostrara lo contrario.
Quizás Wiñazki padre no lo reconozca, pero termina
sucediendo que el mercantilismo de los grandes medios masivos abona esas
noticias deseadas por convencimiento ideológico o interés comercial . En
definitiva, da más rating, decir lo que la gente quiere escuchar.
Tanto, que los grandes medios ya no le hablan “a la gente”.
Sino que cada cual se dirige a “su gente”. Vomitando noticias deseadas para el
pequeño nicho de audiencia que nada feliz en las aguas de la posverdad. Zona de confort, donde nadie osa perturbar su acabada cosmovisión
ideológica.
Si fuera cierto que las gentes prefieren noticias deseadas a
verdades incontrastables - suponiendo que existieran- los mass media sacian ese apetito vendiendo dosis de
posverdad para mantener a cada tribu de su lado de la grieta.
La posverdad “o mentira emotiva” es un
neologismo que describe la distorsión deliberada de una realidad en la que los
hechos objetivos tienen menos influencia que las apelaciones a las emociones y
a las creencias personales. Es decir, no me importa que sea verdad, sino que me
haga sentir bien. “Mientras yo lo crea y
no me cuestione mi forma de ver el mundo, me sirve, aunque pueda no ser
verdad”, sería una forma de sintetizarlo. “Mentime que me gusta”, diría mi
abuela para evidenciar lo que nos hace sentir bien, aunque no tenga que ver con
la realidad objetiva. Algo que por otro lado, no existe por sí misma, sino que
obedece a una construcción social en plena disputa de poder.
“Al no haber una verdad absoluta, el sujeto
tiene la posibilidad de armar su propia verdad. Partiendo ya de una idea que
quiere demostrar, siempre va a encontrar el modo de hacer encajar en la
realidad lo que él supone, o necesita demostrar” nos dice Darío
Sztajnszrajber.
Ante lo cual, en las redes o frente a mirando su canal favorito, la mayoría de las gentes
viven en una burbuja informativa. Aunque parezca lo contrario, en el mundo
globalizado e hiper comunicado, la ventana para mirar es muy chiquita. Como el
caballo con anteojeras: cree que ve,
pero sólo donde le dejan mirar. “Esta "burbuja" informativa lleva a interactuar solo con gente que piensa
como nosotros. A dialogar con nosotros mismos . Monologar sin entrar en debate
con nuestras matrices más profundas.
Leuco aparece con un muñeco de Cristina Fernández con traje a rayas. Sus televidentes identifican
allí la causa de todos nuestros males.
Un par de canales más allá, Silvestre abre el programa
diciendo « vamos a combatir la infodemia frente al periodismo de guerra
que defiende a Macri ». Sus televidentes hallan allí la causa de todos los
males.
Apago la tele. Entro en Facebook. Alguien postea la imagen de
un terreno amplísimo, con un montón de casuchitas de chapa y maderas ocupando
parcelas. “Tanto años trabajando para tener mi terreno y estos vagos ocupando
terrenos. Ahí tienen a los K!!!.. genios del voto!!!”, vomita la
publicación.
No tiene pinta de ser Gran Buenos Aires. Busco la ruta de la
imagen. La foto, en realidad, ilustraba una nota sobre una toma de viviendas
acompañada por Nelson Mandela en Sudàfrica en los noventa.
Pienso en aclararlo. . No lo hago. Ya es tarde. Todos los
likes, tienen su noticia deseada. Adivino que si digo algo, los posverdaderos
me fustigaràn desde ambos lados.
Unos diràn que defiendo a los K y a los vagos inventando
excusas.
“La verdad no existe” dice Darío Z.
No sè si es cierto.
Pero estoy seguro de que hay demasiada mentira siendo
aceptada como verdad.
Y a nadie parece molestarle...

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