EL PECHO A LAS BALAS: CRÓNICA DEL 12 DE AGOSTO DE 2004
(por Walter Ditrich.- walterditrich@hotmail.com).- Recuerdo claramente aquel 12 de Agosto de 2004. Los trabajadores de la Cooperativa Textiles Pigüé estaban desde las primeras horas de ese jueves en la ex planta 6 de Gatic, a la vera de la ruta nacional 33. Los rumores que luego fueron una confirmación, indicaban que un juez había ordenado desalojarlos por la fuerza.
Los laburantes, todos vecinos nuestros, se habían quedado
sin trabajo porque el empresario cerró y se fue. Ni siquiera se dignó a
despedirlos. Desesperados, le dieron
forma a aquello de “la unión hace la fuerza” y crearon una cooperativa.
Ingresaron a la fábrica, su fábrica, para seguir ganándose el pan para ellos y
sus familias.
La misma justicia injusta de siempre, se puso de lado del empresario estafador y ordenó sacarlos de patitas a la calle.
110 efectivos de Infantería estaban apostados en Saavedra.
Los obreros habían generado barricadas con alambres, tambores, cubiertas y
maderas en el ingreso a la planta fabril. Eran símbolos de una resistencia que
sería imposible.
Por teléfono, en épocas de celulares sin Whatsapp, logramos
confirmar con colegas bahienses que la orden judicial era un hecho.
Sobre las 15hs, se hicieron presentes los efectivos policiales en el ingreso a la fábrica. El intendente, concejales y personas de la comunidad se habían acercado a convencer a los laburantes de que dejaran lo único que tenían: una esperanza.
El Comisario a cargo del “operativo” comenzó a leer la orden
de desalojo. No había terminado cuando desde el fondo del predio se escucharon
los disparos y se vieron los gases lacrimógenos. En ese sector estaban las
trabajadoras de la cooperativa. Lo habían decidido así para “protegerlas”. Pero
la infantería entró por allí y por otros sectores. Luego se supo que habían realizado
una pormenorizada tarea de inteligencia previa. El Comisario con su perorata
legal fue una simple maniobra de distracción.
Los trabajadores que estaban afuera discutiendo con los políticos y la policía, comenzaron a correr para ingresar a la planta y defenderla. Delante mio corría Daniel Moro, el Presidente de la Cooperativa. Cuando doblamos la veredita del local de venta de ropa de la esquina, nos topamos con el cordón de efectivos policiales. Escudo, casco y garrote. A Moro creo que no le dijeron nada, lo doblaron de un palazo. Es un grandote que debe medir dos metros y cayó pesadamente. Hoy me contó que al caer, sólo le preocupaba que no le pisaran los lentes e insultaba al policía para que no se los rompieran. Dice que no se acuerda si le dolió. Yo vi que le dieron con todo.
Seguía yo en turno. Agarré con fuerza la cámara de fotos que
llevaba colgada y la puse contra la visera del casco del efectivo que me encaró
primero. “prensa!!!, prensa!!!, soy prensa!!!” le gritaba tapándole los
ojos y hablando sin parar para no dejarlo pensar. Fue una fracción de segundo
donde él decidió si también me pegaba como a Moro, o me dejaba pasar. Yo
gritaba invocando la libertad de expresión.
Se corrió con paso militar y me dejó pasar. Moro ya se
estaba incorporando y esquivando las barricadas entramos a la planta. Ahí tomé
las fotos que aún circulan en videos y redes sociales. Creo que son las únicas que
hay. Estaban las cámaras de Canal, pero no había otro reportero gráfico.
No son las mejores tomas. Los equipos de la época, y el nerviosismo del momento no ayudaron, pero sirven para reflejar algo de lo que se vivió.
Al entrar a la fábrica, vimos avanzar otro cordón policial
que ya había entrado por otros sectores. Un trabajador los esperaba a pie firme.
Eran como diez infantes que marchaban escudo contra escudo. El laburante, los
esperaba con un pedazo de ladrillo en una mano y un hierro en la otra. Era la
imagen de David contra Goliat.
Al rato, en otra toma de las imágenes, ese “David” ya está
acompañado por otros de sus compañeros y compañeras. Uno, melena al viento, era
Francisco Martínez. La policía avanzaba garrote en mano.
Ahí apareció el cura. “¡No me peguen, soy el cura… !!!” decía con los brazos abiertos. Con una gorrita de tela y un buzo, no parecía cura. Pensé que lo iban a reventar a palos. Creo que le vieron el cuellito. En medio de la línea de fuego, también se cruzó el entonces concejal De Pietro. Tenía puesta una campera de Los Torneos Juveniles. No parecía concejal. Vehementemente insistió con detener la represión. Ambos, arriesgaron el pellejo. Lograron parar el avance policial.
No sè que pasó en esos minutos con Daniel Moro. Tengo
presente encontrarlo en la calle de ingreso un ratito después. Tenía los ojos
llorosos de bronca y gritaba insultando con desesperación. Con el propio De
Pietro y intentábamos frenarlo y debido a su contextura era muy difícil. Había más
gente, y al rato se calmó. Como se calmó la situación. Una tensa calma que duró
hasta la noche.
Se quisieron llevar al referente de las empresas recuperadas
y a los empujones los trabajadores lo defendieron con el cuerpo.
No me puedo olvidar mirar desde la fábrica hacia el Parque y ver a vecinos sentados en reposeras tomando mate mirando “el espectáculo” como si fuera un noticiero en vivo. También, hubo otros que se arrimaron al alambre para abrazar a quienes resistían. Hubo un vecino que en soledad, quiso cortar la ruta nacional 33 con una bicicleta como muestra de apoyo a los laburantes. Fue detenido y también se llevaron preso a Emiliano Arriaga, colega de FM de la Ciudad.
El tiempo, que pone las cosas en su lugar, terminó
demostrando que el camino de la autogestión obrera era el indicado. O al menos,
la mejor manera para sortear los escollos que se sucedieron.
Porque los empresarios siguieron haciendo lo mismo que en
aquel entonces. Mientras los laburantes le siguen poniendo el pecho a las
balas.

















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